Sinopsis
En la conferencia El Peñón maldito: Los asedios de Gibraltar Guillermo Nicieza Forcelledo analiza la evolución histórico-militar de Gibraltar como enclave estratégico de primer orden, desde la Antigüedad hasta finales del siglo XVIII, con especial énfasis en sus repetidos asedios y en las razones de su permanencia en manos británicas.
Desde época antigua, Gibraltar desempeñó un papel simbólico y estratégico fundamental, ya que fue considerado un espacio mítico —las Columnas de Hércules—, para el mundo griego, y un punto clave de control marítimo para fenicios, cartagineses y romanos, que lo conocieron como Mons Calpe. Su posición en el estrecho homónimo lo convirtió en un nodo esencial para el comercio y la proyección militar en el Mediterráneo occidental.
Durante la Edad Media, el Peñón mantuvo su relevancia estratégica aunque los visigodos no fueron capaces de capitalizarla y, en 711, fue ocupado por Ṭāriq ibn Ziyād, quien dio bautismo al enclave: Ŷabal Ṭāriq. Entre los siglos XIII y XV, Gibraltar fue objeto de numerosos asedios en la campaña por el Estrecho, en el contexto de la Reconquista, con asedios, tomas, pérdidas y tentativas de control frustradas hasta su reincorporación definitiva a la Corona de Castilla en 1462 gracias a la ofensiva del I Duque de Medina-Sidonia. Este periodo consolidó su carácter de plaza disputada y militarizada.
En la Edad Moderna, se produjo la progresiva transformación de Gibraltar en una fortaleza artillada, ya que, entre los siglos XV y XVII, los señores de Santa Cruz de Mudela reforzaron sus murallas, levantaron bastiones adaptados a la moderna artillería y mejoraron sus defensas marítimas. Sin embargo, a finales del siglo XVII, se produjo un progresivo abandono y deterioro debido a la falta de mantenimiento. Esta situación facilitó la toma de Gibraltar en agosto de 1704, durante la Guerra de Sucesión española, por la gran flota anglo-holandesa del almirante George Rooke frente a la guarnición española del gobernador Diego Gómez de Salinas, muy reducida y falta de artillería.
Tras la conquista del Peñón de Gibraltar por parte de Gran Bretaña, se sucedieron los intentos españoles de recuperar la plaza, como el primer sitio (1704–1705) y el segundo sitio (1727), pero, pese a movilizar 12.000 y 17.500 hombres, respectivamente, el marqués de Villadarias y el conde de las Torres del Alcorrín fracasaron en su misión a causa de la superioridad naval enemiga y al constante abastecimiento marítimo del Peñón. Los acuerdos diplomáticos posteriores, como el Tratado de Utrecht-Rastatt (1714) y el Tratado de Sevilla (1729), consolidaron de facto la soberanía británica, aunque sin resolver definitivamente el conflicto, pues Felipe V nunca abandonó la ambición de recuperarlo.
Así, la última campaña militar que se organizó, en el contexto de la Guerra de Independencia de las Trece Colonias, fue el Gran Sitio de Gibraltar (1779–1783), considerado el mayor esfuerzo militar español para recuperar el enclave. España, con apoyo de Francia, movilizó cerca de 65.000 hombres, bajo mando del conde de Colomera y del duque de Crillón, combinando ejército y armada, ésta en manos de Luis de Córdova, con un plan que incluía asedio terrestre, bloqueo naval, bombardeo sistemático por tierra y mar, y presión diplomática. La resistencia británica de la guarnición del general George Eliott, el éxito de los reabastecimientos navales británicos del almirante Howe y el fracaso de las baterías flotantes de 1782 frustraron el asedio. Sin embargo, la no recuperación de Gibraltar se debió a una combinación de factores: su excepcional posición geográfica, sus fortificaciones avanzadas, su guarnición experimentada, y, sobre todo, la imposibilidad de la Real Armada de imponer un bloqueo naval efectivo frente a la Royal Navy. Estos elementos consolidaron el mito británico de Gibraltar como fortaleza inexpugnable y explican su permanencia bajo dominio británico tras el Tratado de París de 1783, pues se ha olvidado convenientemente que la plaza se ofreció a España en repetidas ocasiones (1718, 1725) que el Reino Unido ofreció la paz cuando la escuadra de conquista de Menorca había abandonado la isla y navegaba rumbo al Peñón.
Biografía
Guillermo Nicieza Forcelledo (Gijón, 1990) es investigador, escritor y divulgador de Historia Naval española. Su campo de estudio se centra en las armadas imperiales de los siglos XVI y XVII, y especialmente la Real Armada del siglo XVIII, aunque abarca desde las marinas de guerra de Castilla y de Aragón hasta la Guerra de Independencia. Entre otros proyectos, trabaja en una serie libros sobre esta temática e imparte asiduamente conferencias sobre la historia de nuestra Armada.
Colabora con diversas revistas y publicaciones de historia naval y militar, tanto nacionales como internacionales, así como con la Subdirección General de Publicaciones y Patrimonio Cultural del Ministerio de Defensa y con el Instituto de Historia y Cultura Naval de la Armada. Actualmente, publica en la revista Historia Moderna, de Desperta Ferro y en la revista de historia napoleónica L’Aigle.
Ha sido reconocido con la condecoración Universitas Summa Cum Laude del Grupo GEES en la Escuela de Guerra del Ejército.
Sus libros son: Leones del mar. La Real Armada española en el siglo XVIII (EDAF, 2022), galardonado con el Premio Virgen del Carmen 2022 de la Armada a la mejor investigación histórica; Anclas y bayonetas. La Infantería de Marina española en el siglo XVIII (EDAF, 2023); Almirantes del Imperio. Los grandes comandantes de las armadas españolas del siglo XVI (EDAF, 2025); Blas de Lezo. Una vida al servicio de España (Desperta Ferro, 2025); y próximamente Álvaro de Bazán. El Invicto (Desperta Ferro, abril-2026).
