Tras un minucioso estudio en archivos llevado a cabo durante años, Tomás Mazón nos ofrece esta obra que supone el primer ensayo histórico dedicado a la expedición de Loaysa, el épico viaje que siguió al de la primera vuelta al mundo. Con la participación del propio Elcano, los cerca de 450 hombres enrolados convirtieron sus vidas en una lucha continua por la supervivencia, de la que solo unos pocos lograron volver para contarlo. Esta es la historia de todos ellos.
Loaysa, el mejor capitán para Elcano
¿Cuáles fueron los méritos de Loaysa? ¿Por qué lideró la expedición y no Elcano? El libro revela la gran hoja de servicios de este desconocido capitán, y reivindica que su elección estuvo plenamente justificada. Loaysa reunía las mejores virtudes para alguien de la época, con una vida consagrada al servicio de la Orden de San Juan y de su rey. En el Mediterráneo jugó un importante papel en la organización de armadas de guerra, y protagonizó hechos tan sorprendentes como su embajada ante el gran turco, de la cual él mismo nos dejó una relación que damos a conocer.
De nuevo al destino más lejano. La épica de alcanzarlo, y también de defenderlo
Tras el regreso de Elcano y sus hombres de la nao Victoria completando la primera vuelta al mundo, había que regresar a las islas de las Especias para quedarse e implantar en ellas una gobernación permanente. Esta vez se tuvo que hacer frente a unas durísimas condiciones climáticas que convirtieron en épico el viaje, con un paso del Estrecho de Magallanes solo apto para los más valientes. Una vez alcanzaron el destino, sufrieron una guerra larga y desigual contra los portugueses, que la mayor parte de ellos afrontó como una cuestión de honor. «¿Qué soldados hubo en el mundo como ellos?», se preguntaba el cronista Aganduru Moriz acerca de nuestros sufridos expedicionarios. Para él, sus méritos no se podían comparar ni con los de los soldados de Alejandro Magno, y «podían solo ellos honrar la nación castellana por su lealtad, valor y sufrimientos».
El auxilio desde Nueva España
Hernán Cortés dispuso que zarpara desde Nueva España una flota de tres naves en auxilio de los de Loaysa. Al mando puso a su primo Álvaro de Saavedra, quien demostrará su valía y en todas las acciones que protagonizó. Increíblemente consiguió su propósito, aunque después intentó por dos veces el regreso por el océano Pacífico sin encontrar vientos adecuados. Los viajes de Saavedra y sus hombres enriquecen la historia de los de Loaysa, y agregan aún más dosis de coraje y pundonor.
Gracia de Urdaneta, la niña mestiza llegada desde las islas Molucas, localizada en su madurez
Andrés de Urdaneta trajo a España a su hija Gracia, tenida en el Maluco de madre indígena, y la dejó al cuidado de su hermano cuando marchó de nuevo. Con el paso de los años aquella niña mestiza se hizo mujer, y vivió plenamente integrada en aquella sociedad del siglo XVI. Documentación de archivo inédita nos revela qué fue de ella en su madurez.
Los tripulantes, uno por uno
Desde el oficial que recordaba al Gran Capitán como “mi señor” hasta el muchacho asiático enrolado como intérprete de chino; desde el intrépido clérigo Juan de Areizaga, desnudo entre los nativos de la Patagonia, hasta el lombardero Roldán, quien luchando quedó como “el más feo hombre del mundo”; desde María, la primera mujer que cruzó el océano Pacífico al menos de forma documentada, hasta Juana La Cabirona, aquella “mujer perdida por el mundo” a quien uno de los marinos recordaba en su testamento con sincera gratitud. Publicamos los nombres y semblanzas de cada uno de los tripulantes de las expediciones de Loaysa y de Saavedra. Centenares de vidas expuestas.
Este libro es imprescindible porque cubre desconocimientos, ata cabos y despierta curiosidades.
Adelaida Sagarra-Gamazo
Universidad de Burgos