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Héroes de Cavite·5 de agosto de 2026
Durante el mes de mayo salió a la palestra en algunos medios españoles referencias al informe H.R. 119-631 del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, documento oficial vinculado al proyecto de presupuestos de operaciones exteriores y seguridad nacional para el año fiscal 2027 (H.R.8595 – Making appropriations for national security, Department of State, and related programs for the fiscal year ending September 30, 2027, and for other purposes), documento que, por su origen y su contenido, debería haber generado una respuesta contundente por parte de nuestras autoridades.

El documento[1] dedica un apartado a Marruecos en el que se detalla la ayuda económica y militar que Washington destina al país alauí. Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente relevante —y preocupante— es el lenguaje empleado para referirse a Ceuta y Melilla.
El texto del Comité no se limita a describir la asistencia financiera. Contiene dos elementos que deberían haber hecho saltar todas las alarmas en Madrid.
En primer lugar, el informe se refiere a Ceuta y Melilla como ciudades «administradas por España» pero «situadas en territorio marroquí», y añade que siguen siendo objeto del «reclamo de larga data» de Marruecos. Este lenguaje no es inocente: contraviene frontalmente la posición histórica de Estados Unidos —y de la comunidad internacional— respecto a la soberanía española sobre ambas ciudades, y las presenta, de facto, como un territorio en disputa.
En segundo lugar, el Comité expresa su respaldo a los esfuerzos del secretario de Estado, Marco Rubio, para «fomentar el compromiso diplomático entre Marruecos y España sobre el estatus futuro de Ceuta y Melilla». La redacción emplea el presente, como si dicha mediación estuviera ya en marcha. Sin embargo, a día de hoy no existe constancia de reuniones ni de correspondencia oficial entre ambas partes en ese sentido: se trata, en el mejor de los casos, de una propuesta o una intención, no de un proceso diplomático en curso.
El informe recuerda también la alianza histórica entre Washington y Rabat, formalizada en 1786 mediante el Tratado de Paz y Amistad Marroquí-Estadounidense, y ordena no menos de 20 millones de dólares bajo los Programas de Inversión en Seguridad Nacional y otros 20 millones bajo el Programa de Financiamiento Militar Extranjero.
Ante la publicación de este informe, el Gobierno español optó por no responder con la firmeza que la ocasión exigía, aparentemente para evitar una reacción pública de mayor calado o una crisis diplomática abierta con Washington. Fue un silencio calculado, pero también un silencio que se ha pagado caro.
Porque el mensaje que ha quedado sobre la mesa, tanto para Rabat como para cualquier otro actor internacional que quiera leerlo, es que Marruecos puede permitirse cuestionar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla —e incluso presionar sobre el terreno mediante flujos migratorios masivos— sin que ello suponga un coste real en su relación con Estados Unidos. Al contrario: el propio Congreso estadounidense parece dispuesto a legitimar, aunque sea de forma no vinculante, la narrativa marroquí sobre el «estatus futuro» de las dos ciudades.
Este episodio no puede leerse de forma aislada. Se produce en un contexto en el que España ha visto enfriarse su relación tanto con Estados Unidos como con Israel, en buena medida como consecuencia de la posición del Gobierno respecto al conflicto de Gaza. El resultado es una convergencia de circunstancias que Marruecos ha sabido leer con precisión: mientras España pierde apoyos entre sus tradicionales aliados occidentales, Rabat gana margen de maniobra para presionar sobre Ceuta y Melilla sin miedo a una respuesta internacional coordinada.
La lección que deja este informe es tan sencilla como inquietante: Marruecos ha demostrado que puede plantear una presión —incluso una invasión civil— sobre las ciudades autónomas españolas prácticamente sin coste diplomático, y que existen ya voces dentro del propio Congreso de Estados Unidos dispuestas a poner en duda, por escrito, algo que hasta ahora se daba por incuestionable: que Ceuta y Melilla son España.
Frente a esta realidad, el silencio ya no es una opción prudente. Es, simplemente, una renuncia. Marruecos ha demostrado al mundo que puede realizar una invasión civil de dichos territorios cuando quiera y que tendría el visto bueno de EEUU.
Con el gobierno del Dr. PS hemos perdido a EEUUU e Israel en esta contienda con Marruecos.
Fuente: H. Rept. 119-631, Comité de Apropiaciones, Cámara de Representantes de EE. UU.